jueves, 5 de junio de 2008

Huida de indígenas por tala ilegal

Antropólogos y otros profesionales peruanos viajarán a la amazonia para esclarecer si grupos de indígenas que nunca tuvieron contactos con la civilización huyeron hacia territorio brasileño debido a la tala ilegal de selva en Perú.
Antropólogos y otros profesionales peruanos viajarán a la amazonia para esclarecer si grupos de indígenas que nunca tuvieron contactos con la civilización huyeron hacia territorio brasileño debido a la tala ilegal de selva en Perú.
Ante el impacto que causaron fotografías de nativos semidesnudos en Brasil, que apuntaron flechas hacia el aire al verse descubiertos desde una aeronave, las autoridades peruanas se comprometieron a corroborar si se trata de aborígenes peruanos “no contactados” que debieron huir por la amenaza a su territorio.
Las fotografías fueron divulgadas en Brasil por la organización no gubernamental Survival International, con sede en Londres, y por la Fundación Indígena Nacional de Brasil (Funai), que expresó su preocupación de que el desplazamiento de los nativos peruanos cree enfrentamientos con los indígenas, que habitan los territorios brasileños.
Ronald Ibarra, titular de la Dirección General de Pueblos Originarios y Afroperuanos, informó a la AP que a más tardar el jueves partirá hacia la zona un equipo con antropólogos, ingenieros agrónomos, ingenieros ambientalistas e indígenas que actuarán como guías.
“Vamos a verificar si efectivamente es una salida del lado peruano... Hemos entablado conversación con la embajada (brasileña) y con cancillería nos estamos reuniendo para que ellos nos puedan dar las coordenadas exactas para hacer el sobrevuelo”, dijo.
Un grupo sobrevolará la zona, mientras otro incursionará por tierra, dijo Ibarra.
Agregó que es un comportamiento natural de estos indígenas desplazarse permanentemente entre Perú y Brasil, pero no descartó que la tala ilegal esté “perturbando el normal desarrollo, desenvolvimiento de la vida de estas poblaciones”.
“La tala ilegal es una amenaza permanente en la Amazonia, eso no lo podemos negar”, sostuvo.
Se estima que existen 14 grupos indígenas en aislamiento voluntario en Perú, que habitan en cinco grandes reservas nacionales de la selva, y se cree que los indígenas fotografiados pertenecerían al grupo étnico Mascho Piro o al Murunahua, que se ubica cerca de la frontera con Brasil, indicó Ibarra.
La verificación que hará el equipo no supone acercarse a los indígenas, pues se verían expuestos a enfermedades propias de la civilización que serían fatales para ellos. Ibarra explicó que se buscará información de grupos étnicos “en contacto inicial”, que tienen relación con los no contactados.
“Creo que es una buena señal que el gobierno peruano se haya comprometido a hacer algo al respecto'', comentó a la AP David Hill, investigador de Survival International, sobre los planes de las autoridades peruanas para investigar el caso.Grupos ambientalistas, de derechos humanos y otros, critican desde hace tiempo al gobierno peruano por no proteger adecuadamente a sus poblaciones nativas ante la tala ilegal y de la explotación petrolera y gasífera.
Perú es el mayor exportador de madera caoba en el mundo. El año pasado fue amonestado por la Convención de Comercio Internacional de Especies Amenazadas por fijar cuotas demasiado altas de exportación y no tomar medidas para frenar la tala ilegal en parques nacionales y reservas donde viven poblaciones indígenas.
Temiendo una suspensión de sus exportaciones, Perú redujo su cuota de 13 000 metros cúbicos de caoba a menos de 5 000, ó cerca de 1 200 árboles por año.
La Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana afirmó el lunes que los ofrecimientos del gobierno de dar atención al problema de las tribus indígenas desde el año 2001 “no se han cumplido”.
“Reflejo de ello es la persistente invasión de madereros en esta parte del país y las graves consecuencias que está generando sobre la población en aislamiento y la población aledaña”, indicó.

miércoles, 4 de junio de 2008

La cuarta pirámide del Valle de Giza


HISTÓRICO HALLAZGO ARQUEOLÓGICO

Se construyó bajo el reinado del faraón Dyedefra, hacia el año 2556 antes de Cristo
Fue la que alcanzó más altura y se construyó con mejor material
La destruyeron los romanos para utilizar sus piedras en El Cairo

EL CAIRO.- El faraón Dyedefra, que reinó en Egipto hacia el año 2556 antes de Cristo, hace casi cinco milenios, construyó la pirámide con más altura y magnificencia de las cuatro que se veían desde las orillas del Nilo.
Un grupo internacional de arqueólogos ha descubierto que las ruinas que hoy pueden verse en Abu Rawash, a pocos kilómetros de El Cairo, corresponden a la llamada pirámide perdida, cuyas piedras han acabado con muchas de las leyendas que han rodeado el reinado del que fuera el heredero de Keops.
«Esta pirámide fue la más alta de todas las del complejo de Giza [Keops, Kefrén y Micerinos] y su piedra era de mejor calidad. Durante años se pensó que no había sido terminada de construir, pero hemos comprobado que no fue así. Sus piedras fueron utilizadas durante siglos para construir en El Cairo», señala Zahi Hawass, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades egipcio.
«Durante los 12 últimos años hemos excavado allí y hemos sacado a la luz gran parte de la historia de la IV dinastía, las luchas por el poder y parte del misterio de la construcción de las pirámides», añadía en la presentación internacional del documemental 'La pirámide perdida', una película rodada durante tres años de excavaciones por Canal Historia, que podrá verse en septiembre en España.
Los restos de la pirámide del enigmático Dyedefra no levantan hoy más de 10 metros del suelo. Están en una colina de Abu Rawash, una zona militarizada de acceso restringido. Alrededor el reseco desierto y al fondo, impresiona la negra nube de contaminación de El Cairo.
Entre la neblina también se adivinan las siluetas de las otras tres pirámides de Giza, con las que esta majestuosa obra nunca estuvo conectada, según los arqueólogos.
Hawass cree que el hijo de Keops eligió este lugar a cierta distancia de Giza, el cementerio de su dinastía, porque quería ser independiente de su familia y su alto enclave pondría su tumba más cerca del Sol, su dios.
Ocho años de construcción
La pirámide, a tenor de los últimos hallazgos, superaba en 7,62 metros de altura a la de Keops, que tiene 146 metros. Cada una de las caras, en su base, medían 122 metros y el ángulo de inclinación era de 64 grados, si bien una variación impidió que se colapsara.

Ruinas de la entrada a la cuarta pirámide en Giza. (Foto: Rosa M. Tristán)
Fue levantada con caliza y granito rojo de Asuán, como la de su padre. El material llegaba desde 800 kilómetros de distancia por el Nilo y alcanzó Abu Rawash a través de grandes canalones. Allí, utilizando una dura piedra de dolerita, se partían los bloques, a los que daban la forma precisa con una especie de sierra de cobre con el filo de cuarzo. Cada una de las piezas de ese inmenso puzzle pesaba hasta 25 toneladas y se necesitaban hasta 370 personas para moverla.
La mayoría de los trabajadores que llegaron a Abu Rawash, unos 15.000 en los ocho años que duró la construcción, fueron agricultores que realizaban este trabajo cuando las crecidas del Nilo inundaba sus tierras de cultivo. «Cuando comenzaban el trabajo, realizaban marcas en las piedras con un tinte rojo», explica sobre el terreno el egiptólogo Hassan Abd El-Razek.
Una profunda grieta en la tierra, que fue el pasaje de bajada a la cámara subterránea, está ahora al aire libre y ha servido para comprobar que en la primera fase se utilizó argamasa para consolidar el interior donde debía descansar el faraón en su viaje a la otra vida.
En el exterior aún el suelo está plagado de fragmentos de pequeñas vasijas donde se llevaban las ofrendas a Dyedefra. El-Razek muestra también el lugar donde aparecieron varias estatuas rotas del faraón, así como las ruinas de lo que debió ser el templo, cuyas obras de reconstrucción fueron paralizadas por Zahi Hawass.
Anthony Geffen, productor del documental, también aporta detalles de la gran obra mientras, bajo un sol abrasador, pasea entre las milenarias piedras. «La pirámide estaba recubierta de granito pulido y por una aleación de oro, plata y cobre que brillaban al sol en señal de poder». La pirámide de Abu Rawesh se podrá visitar a partir de 2009, pero sólo por su parte exterior.

México lucha por salvar una lengua que sólo hablan ocho personas


Solamente ocho personas hablan en el mundo el xwja o ixcateco y todas ellas viven en una pequeña localidad del Estado mexicano de Oaxaca, al sur del país, informó el martes el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA) de México.

"Las lenguas mueren por desuso, silencio e indiferencia", señaló el CNCA, que informó de que la mayoría de los hablantes del ixcateco están colaborando con un grupo de investigadores para evitar la extinción de su lengua.
"La tarea es ardua y compleja, porque los últimos hablantes del xwja son personas con edades superiores a los 70 años, apenas hablan el español y no saben leerlo ni escribirlo. Y para reimplantar la lengua materna, antes hay que sensibilizar a la gente", destacó Guillermo Círigo Villagómez, coordinador de la Unidad Regional de Culturas Populares en Huajuapan de León, Oaxaca.
Los ocho hablantes del ixcateco, lengua perteneciente al grupo popolocano, de la familia lingüística otomangue, viven en Santa María Ixcatlán y siete son de edad avanzada. Ixcateco significa en lengua náhuatl "personas de algodón".
De acuerdo con el lingüista estadounidense Michael Swanton, que también participa en las actividades para evitar que desaparezca el ixcateco, a finales de 2006 había 11 personas que lo hablaban, pero en el último año y medio murieron tres.
En los próximos meses está previsto que se den una serie de talleres impartidos por la Unidad Regional de Culturas Populares, institución dependiente de la Secretaría de Cultura de Oaxaca, y el CNCA, como ya se hizo el año pasado. Además, se realizará un registro videográfico de los hablantes.
De acuerdo con datos de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, el xwja es una de las 23 lenguas indígenas mexicanas en riesgo de extinción, junto con el paipai, kiliwa, kukapá, aguacateco y kumai de Baja California (norte de México); el kikapú de Coahuila (norte); y el jacalteco de Chiapas (sur), entre otros.

domingo, 1 de junio de 2008

Descubren una tribu indígena que nunca había sido contactada


Las fotos, tomadas a fines de abril y principios de mayo, muestran a una decena de indios, casi desnudos y pintados de rojo, con arcos y flechas frente a seis chozas con techo de palma. Según Meirelles, los antropólogos saben casi nada sobre el grupo, pero sospechan que está relacionado con las tribus Tano y Aruak. La Fundación Nacional del Indio, un organismo del gobierno federal, cree que podría haber hasta 68 grupos "aislados" en todo Brasil, aunque se ha confirmado la existencia de 24. Las fotografías, divulgadas el jueves por la entidad Survival International, muestran a indígenas hasta ahora no contactados.Las de la tribu fueron tomadas desde una avioneta entre el 29 de abril y el 2 de mayo y han sido publicadas hoy por la prensa brasileña.En una de las fotos aéreas, en un claro de la selva es posible ver a dos guerreros pintados de rojo apuntando sus arcos y flechas en dirección a donde está la cámara de la avioneta. "Son pueblos que no quieren relacionarse con nosotros", ha dicho el director del área de protección etnoambiental de la Funai, José Carlos dos Reis Meirelles.La fundación estatal brasileña denuncia que estas tribus de la selva amazónica están siendo "diezmadas" en la frontera con Perú y se refugian en Brasil. Estas comunidades están en peligro a causa de explotación de madera en Perú. "Decidimos divulgar las fotos a ver si sucede alguna cosa, si se presiona al Gobierno", ha dicho el especialista.En el lado brasileño viven cuatro de estos pueblos que no tienen ningún tipo de contacto con el exterior. "Es muy difícil calcular la población de indios aislados, pero son cuatro pueblos, tal vez de unas 500 personas cada uno", ha dicho Meirelles, en declaraciones a Efe.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Dinosaurios con los pies en la tierra


Un estudio de la universidad británica de Portsmouth descubre que los grandes dinosaurios voladores preferían andar a volar
Las impactantes imágenes de gigantes dinosaurios voladores surcando los cielos en Parque Jurásico podrían haberse quedado anticuadas. Según un reciente estudio de la universidad británica de Portsmouth, publicado en la revista científica PLoS ONE, algunos reptiles gigantes de la era de los dinosaurios preferían caminar por la tierra a volar por los aires.
Hasta el momento la idea generalizada era que todos los pterosaurios, que vivieron entre hace 230 y 65 millones de años, se asemejaban a las gaviotas y pelícanos actuales en sus costumbres y sobrevolaban las grandes extensiones de agua en busca de alimento. Sin embargo, tras el estudio de la anatomía, las huellas y los fósiles del azhdárquido, un tipo de pterosaurio, los paleontólogos Mark Witton y Darren Naish han llegado a la conclusión de que algunos de los grandes reptiles voladores se alimentaban en tierra, "donde se agachaban para capturar animales y otras presas". Por lo tanto, ya no seguirían las pautas típicas de gaviotas y pelícanos, sino que su comportamiento sería más parecido al de las cigüeñas.
Los azhdárquidos, nombre que deriva de la palabra uzbeka "dragón", cuyos ejemplares más grandes podían alcanzar el tamaño de una jirafa, eran pteosaurios gigantes sin dientes y con una envergadura de alas de hasta 10 metros. Según dicha investigación, su cráneo alargado, que podía medir más de dos metros, era más apto para apresar animales y otros alimentos en el suelo. A esto se le suma la rigidez del cuello, que a su juicio "se ajusta al modelo de un cazador terrestre, que todo lo que necesita es levantar o bajar su pico hasta el suelo", las patas, relativamente pequeñas y almohadilladas, y la mandíbula, larga pero débil, que hubieran supuesto un problema para cualquier otro modo de vida que no fuera terrestre.
Además de las pruebas anatómicas, los paleontólogos responsables de este estudio alegan otra prueba a favor de su teoría: la mayoría de los fósiles de azhdárquidos existentes fueron hallados en sedimentos tierra adentro, en un entorno que hace millones de años también era terrestre.

lunes, 26 de mayo de 2008

Critica antropólogo desconocimiento de las realidades indígenas del país


Uno de los problemas con las poblaciones indígenas del país es que todavía sus realidades son “tan vastas como mal conocidas”, critica el antropólogo Saúl Millán, quien además destaca la paradoja de que, a pesar de ser los más pobres y marginados socialmente, son quienes aportan la diferencia y la diversidad cultural de México.
Millán acaba de publicar el libro El cuerpo de la nube. Jerarquía y simbolismo ritual en la cosmovisión de un pueblo huave, en el que presenta sus investigaciones sobre una de las tres comunidades de ese grupo étnico de la costa oaxaqueña, en el istmo de Tehuantepec: San Mateo del Mar, la más poblada y que alberga a 8 mil habitantes.
Los hablantes de huave son en total unos 22 mil y están distribuidos en tres municipios: San Mateo del Mar, San Dionisio del Mar y San Francisco del Mar.
El cuerpo de la nube, editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, fue presentado el pasado jueves en el Museo Nacional de Culturas Populares.
Ahí, los antropólogos Carlos Zolla, David Robichaux y Rodrigo Díaz se avocaron al análisis académico de esa investigación y coincidieron en que se convertirá en un punto de referencia, no sólo sobre los huaves sino en torno a la manera profunda en que Millán abordó su trabajo.
El libro consta de siete capítulos y uno de ellos aborda aspectos históricos, como la vida de los huaves durante la Colonia, mientras otros se avocan a la organización social, las relaciones de parentesco, la familia, los barrios y las secciones territoriales, el simbolismo, ritualidad, mitología y cosmovisión de ese pueblo.
Cosmogonía de pescadores
Sobre los huaves se habían realizado varios estudios, “pero todavía faltaban muchas cosas por conocer”, dice Saúl Millán, y agrega que tienen la particularidad de ser un grupo de pescadores, que lo distingue del resto de los grupos indígenas de México, que generalmente se dedican a la agricultura.
El hecho que sean pescadores está relacionado con la importancia que le conceden a las lluvias, porque ellos son pescadores ribereños, de las lagunas.
Producir de manera simbólica la lluvia, agrega, es una de las grandes preocupaciones de la población huave. Y a ese ciclo ceremonial o actividades rituales, ellos le destinan 40 de las 52 semanas de todo el año.
La pregunta es por qué le destinan tanto tiempo a las actividades rituales. “Por un lado está relacionado con el problema de la lluvia y, por otro, tiene que ver con una forma específica de organizarse al interior del grupo, con lo que los antropólogos llamamos una forma de organización social”.
El concepto clave de “ombas”
Todo el municipio de San Mateo del Mar se rige por la presencia de dos grandes jerarquías: la civil y la religiosa. Una de las principales funciones de la jerarquía civil es solicitar la lluvia cada año.
“Digamos que la comunidad les confiere a las autoridades civiles el derecho y el deber de solicitar la lluvia y que ésta tenga cierta regularidad. Si la lluvia no viene, las autoridades civiles son destituidas de sus cargos. Tan importante es el problema para ellos.”
Ello permite ver cómo una forma de organización, una forma de elegir de manera tradicional a las autoridades, está relacionada directamente con una visión general del universo.
Esa visión, dice Millán, divide al mundo entre las divinidades de la lluvia, pero también es importante para comprender problemas como el de los alter ego animales, aspecto conocido como nahualismo.
“Y en este entramado de cosas, una noción como la de ‘ombas’ es el hilo conductor que permite enlazar todos esos ámbitos, que aparentemente se encontraban conectados, pero cuando uno lee el libro ve que forman parte de un sistema general.”
Para acercarse a los huaves Millán tuvo que comenzar, hace varios años, a aprender la lengua y entender su diferencia cultural, es decir, a comprender que, a pesar de ser mexicanos, tienen una diferencia cultural que los distingue.
“Esa es en realidad la única manera de definir a los indígenas dentro de este país. No solamente son los más pobres o los que viven más apartados. Además, son los que mantienen una diferencia cultural, en primer lugar lingüística, pero también étnica, regional, cultural. Y entender todas esas diferencias fue uno de los principales retos para poder acceder a ellos.”

jueves, 22 de mayo de 2008

Los incas eran diestros cirujanos

"La naturaleza del hombre es la de un semidios, afortunadamente no lo piensa asì" (Abel Desestress)
Dos antropólogos estadounidenses confirmaron que los cirujanos incas poseían una técnica altamente sofisticada para practicar trepanaciones de cráneo, con una elevada tasa de supervivencia.
Valerie Andrushko, de la Universidad de Conecticut y John Verano, de la Universidad de Tulane, estudiaron 11 yacimientos en el Cusco, Perú, en los que encontraron 66 muestras de trepanaciones de cráneos. Algunos de los individuos habían sido sometidos a esa técnica en más de una ocasión, por lo que los expertos examinaron 109 perforaciones craneales. El resultado del estudio -que aparece publicado en el American Journal of Physical Anthropology- indica un 83% de supervivencia entre los que se sometían a la trepanación y una escasa prevalencia de infecciones, lo que se atribuye al uso de antisépticos naturales. Campo de batalla Durante las intervenciones, se utilizaban la coca, el tabaco y la cerveza de maíz para ayudar a reducir el dolor. Con el propósito de controlar las infecciones, se usaban bálsamos y plantas que contenían el compuesto llamado saponina, que tiene propiedades antisépticas. En la mayoría de los casos, las trepanaciones se practicaron a soldados heridos en el campo de batalla, aunque también se encontraron cráneos de mujeres, lo que podría sugerir que la técnica se empleaba para tratar males como la epilepsia o infecciones craneales. A diferencia de en la cirugía moderna, la perforación no se hacía con un taladro, sino con una técnica de raspado. Con el paso del tiempo las técnicas se fueron perfeccionando y ya para el año 1.400 se cree que la supervivencia a la operación se acercaba al 90% de los casos.